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miércoles, 28 de marzo de 2018

MITOS SOBRE LA RESILIENCIA



Es importante abordar estos cuatro mitos porque importa la salud social y emocional de los adultos que trabajan en las escuelas.

Por Elena Aguilar



Durante los últimos años, he enfocado mi aprendizaje, enseñanza y escritura en el tema de la resiliencia emocional en los educadores. Estoy convencido de que es clave en nuestro intento de proporcionar a los estudiantes la educación que necesitan y merecen.

No tenemos que hacer esto a expensas de los niños, ni tenemos que frenar nuestra práctica como profesores, pero sí debemos ampliar nuestra atención para incluir la salud social y emocional de los adultos que trabajan en las escuelas.

Al compartir lo que aprendí sobre la capacidad de recuperación emocional y sobre cómo construirlo, me he encontrado con algunos conceptos erróneos sobre lo que es la resiliencia y por qué la necesitamos. Me gustaría aclararlos.


4 MITOS SOBRE LA RESILIENCIA

Mito 1: La resiliencia te ayudará a sobrevivir como maestro.  Tenemos que ir más allá de la supervivencia como un objetivo. La resiliencia nos permite prosperar, no solo sobrevivir. La resiliencia nos permite rebotar después de los desafíos y ser más fuertes que antes.

Merecemos que nuestras preciosas vidas se llenen de belleza, alegría y significado, y eso es lo que está al otro lado de la supervivencia. La resiliencia nos ayuda a llegar allí. La resiliencia no se trata solo de recuperarse, sino de recuperarse y avanzar en nuestros viajes como educadores y seres humanos.

En otras palabras, la capacidad de recuperación no solo nos ayuda a atravesar un momento difícil, sino que nos ayuda a salir más fuertes, mejores y más felices que antes.

Mito 2: las personas resilientes tienen pieles duras.  Los resistentes no suprimen las emociones duras. De hecho, las personas resilientes experimentan una gran variedad de emociones, incluidas las desafiantes.

Cuando tratamos de evitar emociones difíciles (enojo, vergüenza, miedo), en realidad disminuimos nuestra capacidad de recuperación. Cuando experimentamos y exploramos esas emociones difíciles, descubrimos que no nos consumirán ni nos destruirán, y emergemos más fuertes (y más resilientes) que antes.

Mito 3: La resiliencia es un rasgo de personalidad.  La resiliencia no está fija en nosotros; todos podemos aumentarlo. En general, está construido a través de un pensamiento flexible y preciso, teniendo la creencia de que puede lograr sus objetivos, tener una conexión con el significado, aumentar sus experiencias de emociones positivas, estar conectado con otras personas y cuidar de sí mismo.

Hay docenas de cosas que puedes hacer todos los días para aumentar tu resistencia. Para nombrar un puñado:

  • Dormir lo suficiente
  • Coma un desayuno saludable
  • Almorzar con un colega y no discutir el trabajo
  • Expande tu interpretación de los grandes y pequeños desafíos en tu escuela
  • Dar un paseo
  • Meditar
  • Enfócate en lo que está dentro de tu esfera de influencia
  • Practica la gratitud
  • Extiende tu empatía por un estudiante desafiante


Si bien muchos de estos son enfoques clásicos de manejo del estrés, lidiar con el estrés es uno de los componentes de la resiliencia y un elemento importante. Sin embargo, cultivar la resiliencia va más allá, no es solo un proceso reactivo.

Mito 4: La resiliencia aumenta cuando aprendes a manejar las emociones difíciles.  Es importante entender cómo las emociones desafiantes (enojo, vergüenza, envidia o miedo) exacerban el estrés. Pero la resiliencia es mucho más que aprender a manejar o enfrentar estas emociones.

Las personas resilientes reconocen la importancia de manejar emociones incómodas y cultivar emociones positivas (alegría, gratitud, satisfacción y felicidad). Las personas resilientes usan esas emociones positivas para recuperarse y encontrar sentido en los eventos y desafíos estresantes.

Hay mucho que aprender sobre la capacidad de recuperación para ayudarnos a manejar los factores estresantes diarios de la enseñanza y para permitirnos cumplir con nuestro propósito como maestros. Cuanto más me sumerjo en esta exploración, más convencido estoy de que, como educadores, debemos priorizar el aprendizaje social y emocional para nosotros mismos.



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