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lunes, 5 de febrero de 2018

“Es perverso decir que no hay que aprender las cosas de memoria”

José Antonio Marina en las instalaciones de Media Lab Prado.



El filósofo y pedagogo José Antonio Marina cuestiona las nuevas metodologías surgidas de la innovación educativa y defiende algunos valores de la escuela tradicional

Por: Ana Torres Menárguez



El filósofo José Antonio Marina está del lado de la innovación educativa. Defiende que para sobrevivir en el mundo laboral es obligatorio aprender y reciclarse durante toda la vida, que las facultades de Educación se han quedado atascadas por miedo al cambio o que los avances de la neurociencia pueden marcar el camino de la renovación pedagógica. Sin embargo, hay un punto con el que no comulga: el destierro de la memorización dentro de las nuevas metodologías. Sin memoria no hay aprendizaje, sostiene Marina.

En su último libro El bosque pedagógico y cómo salir de él (Ariel), Marina, autor del Libro Blanco de la Profesión Docente por encargo del Ministerio de Educación, cuestiona algunos de los mensajes difundidos por los gurús internacionales de la innovación educativa. ¿Realmente hay que dejar a los niños que escojan lo que quieren aprender en función de su motivación? ¿Es ese el motor de la creatividad?

Marina, firme defensor de la implicación de las familias en la educación de los niños y fundador de la Universidad de Padres, un centro de investigación en crianza y una escuela online, sostiene que hay que recuperar el sentido del deber y la obligación como recurso pedagógico. 

Pregunta. En los últimos años se está propagando la idea de que formarse durante toda la vida y aprender nuevas profesiones es positivo para el ser humano. ¿Cree que es el único modo de supervivencia ante la precariedad laboral?

Respuesta. La educación para toda la vida es imprescindible. Estamos sometidos a la ley del aprendizaje que dice que para sobrevivir toda persona o institución necesita aprender a la misma velocidad a la que cambia el entorno. Si quiere progresar, debe hacerlo a mayor velocidad. Cuando los ambientes laborales eran muy estables, los sistemas de aprendizaje podían ser lentos. Por ejemplo, la técnica de un herrero servía para él y para la vida de sus hijos. Hoy el entorno es sumamente veloz y si no lo sigues, quedas marginado.

Pregunta. En los últimos años se está propagando la idea de que formarse durante toda la vida y aprender nuevas profesiones es positivo para el ser humano. ¿Cree que es el único modo de supervivencia ante la precariedad laboral?

Respuesta. La educación para toda la vida es imprescindible. Estamos sometidos a la ley del aprendizaje que dice que para sobrevivir toda persona o institución necesita aprender a la misma velocidad a la que cambia el entorno. Si quiere progresar, debe hacerlo a mayor velocidad. Cuando los ambientes laborales eran muy estables, los sistemas de aprendizaje podían ser lentos. Por ejemplo, la técnica de un herrero servía para él y para la vida de sus hijos. Hoy el entorno es sumamente veloz y si no lo sigues, quedas marginado.



P. Por un lado, la nueva educación tiene como objetivo enseñar a los niños a trabajar en equipo y va en contra del individualismo y la competitividad. Pero al terminar la Universidad, el panorama es desolador y la búsqueda de empleo es un acto solitario y desesperante. ¿No es una contradicción?

R. Como dice [Noam] Chomsky, dar la libertad sin dar la oportunidad es un regalo envenenado. A los mensajes tú puedes, conviértete en tu propio empresario, en trabajador autónomo, tú puedes diseñar tú vida... les falta otra parte. ¿Cómo lo hago? Arréglatelas como puedas, te quedas abandonado. Lo primero que le diría a un joven es que va a tener que estar aprendiendo toda su vida para tener un empleo. El pacto social entre generaciones se ha roto y ya no hay seguridad laboral.
 

P. En su libro advierte del peligro de que las grandes empresas tecnológicas (Google, IBM o Apple) asuman el liderazgo educativo si los profesionales de la educación no se ponen las pilas.

R. Como es para toda la vida, se está creando la industria educativa. En el año 2015, la educación movió 4,3 billones de dólares, casi cuatro veces el PIB español. Desde el campo editorial, Pearson vendió su participación en The Economist y Financial Times para dedicarlo todo a educación. También se están quedando con sistemas de evaluación como los de PISA. Históricamente todo el mundo ha querido mangonear a través de la educación: las religiones, los sistemas políticos... No creo que haya una conspiración educativa, sino un negocio educativo. Estas compañías no quieren introducir una ideología determinada, sino ganar dinero. Los docentes debemos ser la conciencia crítica educativa de la sociedad y para eso necesitamos ser una profesión de élite. 

P. Ken Robinson hizo temblar la educación tradicional al afirmar que la escuela mata la creatividad. Las nuevas corrientes afirman que los niños pierden su deseo de aprender por las rutinas repetitivas  del colegio y la excesiva evaluación. 

R. La psicología nos ha jugado una mala pasada con su teoría de la motivación. Pensar que al niño que no está motivado no hay que exigirle nada es un error. Tenemos que enseñarles que habrá cosas que tengan que hacer por obligación sin sentir ninguna motivación. Los gurús son gente muy lista que utiliza conceptos de la autoayuda. Es difícil vender el mensaje de que algo cuesta mucho trabajo. La educación va sobre ayudar a adquirir hábitos, que no siempre son de nuestro agrado. Sobre la idea de que hay que dejar a los niños elegir y no coaccionar su libertad, es importante decir que todos nacemos absolutamente dependientes y el proceso educativo consiste en fomentar la capacidad del niño de tomar decisiones, pero eso no se puede hacer al principio. Los niños aprenden a ejercer su autonomía obedeciendo las órdenes que les dan sus educadores. A los cinco años se produce un salto increíble en el que empiezan a darse órdenes a sí mismos. La autonomía llega con la obediencia.

P. ¿Qué debe hacer un docente para no sentirse perdido frente al aluvión de nuevas metodologías de enseñanza?

R. Es clave la figura del estratega educativo, que con una visión general decide qué táctica utilizar en cada caso. El problema es que la mayoría de profesores no conocen las nuevas técnicas. 

P. ¿Está fallando la formación del profesorado?

R. Soy muy crítico con las facultades de Educación. Se han quedado atascadas porque no son conscientes del papel que juega hoy la educación. Hay que tomar decisiones muy radicales. ¿Quién puede decidir lo que queremos transmitir a nuestros alumnos? Los científicos no, porque solo dominan su campo de conocimiento; los políticos tampoco porque no nos fiamos de ellos; los sacerdotes saben de sus religiones y los empresarios van a buscar su propio beneficio. Deberían ser las facultades de pedagogía.

P. Precisamente ahora hay un debate sobre si el cambio deberían dirigirlo los pedagogos o los neurocientíficos con sus avances sobre el funcionamiento del cerebro. 

R. Llevo estudiando neurología desde hace 30 años y puedo afirmar que no está en condiciones de ofrecernos propuestas concretas, pero sí muchas pistas. Necesitamos un puente entre ambos campos, alguien que domine los dos lenguajes. La neurología nos ha dicho, por ejemplo, que hay una segunda edad de oro del aprendizaje, en la que el cerebro vuelve a rediseñarse neurológicamente entre los 13 y los 18 años. También nos dice que los órganos neuronales que se encargan de la toma de decisiones y del comportamiento responsable, los lóbulos frontales, no maduran hasta los 22 o 23 años. Entonces, ¿debemos exigir responsabilidad a un adolescente? Otra de las evidencias señala que las estructuras neuronales maduran con el ejercicio, entonces sabemos que hay que entrenar esa capacidad cuanto antes y no esperar a que el estudiante llegue a la veintena. 

P. En su libro reivindica el papel de la memoria en la educación. ¿No cree que memorizar y vomitar la información en los exámenes es poco efectivo?

R. No hay nada más perverso para la educación que decir que no hay que aprender las cosas de memoria. Es el órgano del aprendizaje. Eso sí, hay que aprender fórmulas que no se basen en la repetición. Crear depende de la memoria y tienes que aprender hábitos creativos. Si no, ¿cómo se te van a ocurrir las cosas? Para tener mucha imaginación, hay que tener muy buena memoria. En este punto la neurología nos está diciendo por dónde ir y es muy importante el descubrimiento de la llamada memoria de trabajo, que nos enseña cómo construirla y manejarla. 

P. ¿Cuál tiene que ser el principal reto de la escuela a corto plazo?

R. Destacaría tres. Bajar la tasa de abandono escolar, paliar las diferencias socioeconómicas entre los alumnos fomentando la educación de cero a tres años y atender a los alumnos con necesidades especiales: con dificultades de aprendizaje, altas capacidades o problemas psicológicos. Otro drama es la figura del director de centro. En España se tiene la idea equivocada de que cualquiera puede ser un buen director. Hace falta formación específica; mandar y organizar es complicado. Habría que crear un MIR para directores. En Inglaterra o Estados Unidos hay libros dedicados al rol del director de escuela, a proyectos concretos que han transformado colegios. Aquí [en España] este tema levanta ampollas, sienta mal a los docentes y a los sindicatos porque consideran que conlleva introducir clases dentro del profesorado y que no es democrático. Se trata de ver si es eficaz o no. Los equipos directivos pueden modificar los programas académicos, o crear sus propios proyectos. El éxito, en parte, depende de ellos. En Inglaterra hay colegios públicos que cambian su horario cada dos semanas para ajustarlo a las necesidades de los alumnos, que pueden necesitar más horas de matemáticas o de lengua. Eso es innovación.

P. El éxito es muy relativo. Hoy se mide en función de los resultados obtenidos en PISA. En su libro habla de los peligros de obsesionarse con las pruebas estandarizadas.

R. Se habla mucho de innovación en la escuela, sin embargo, se está produciendo una uniformidad en todos los países. Lo único que les interesa a los gobiernos es cómo aparecen en PISA y en función de eso organizan sus sistemas educativos. A los educadores no nos sirve PISA porque no nos muestra lo que hay que hacer. No evalúa el progreso del alumno. Un estudiante que empieza el curso con un uno y acaba con un cuatro ha progresado más que el que pasa de un ocho a un nueve. Pero para PISA, ese primer estudiante sigue siendo un suspenso. En el momento en que evaluemos el progreso sabremos si estamos sacando lo mejor de los alumnos y si lo hacemos bien o mal en el aula. 

  Fuente: https://elpais.com/economia/2018/02/02/actualidad/1517574177_327564.html

lunes, 1 de enero de 2018

La resolución de Año Nuevo de un maestro: presumir más

Fuente de la imagen: http://www.correocanadiense.com/wp-content/uploads/2015/02/propositos-1.jpg



La resolución de Año Nuevo de un maestro: presumir más
Por Julie Conlon
1 de enero de 2013

El mes pasado, me uní a un amigo para cenar y tomar algo después de su Cámara de Comercio "Wednesday Friendsday". Sentados en el bar en medio de agentes de bienes raíces y asesores financieros, todos ellos desconocidos para mí antes de esa noche, me encontré continuamente excluido de la conversación. Cuando se enteraron de que yo era profesor de inglés de la escuela secundaria, se dieron cuenta de que no tenía nada que ofrecerles, ni contactos, ni negocios, ni dinero. Todo lo que tenían para mí eran sacudidas comprensivas de sus cabezas y algunas ocurrencias condescendientes.

"No hay mucho dinero en eso".
"¿Noveno grado? Recuerdo cómo era en el noveno grado".
"No sé cómo lo haces. Eres una persona mucho mejor que yo".

Me encontré a mí mismo haciendo excusas y bromas. "Es agradable tener mis veranos libres. ¿Por qué crees que estoy en un bar una noche de escuela? Cuando se trata de chicos de noveno grado, no me siento mal por ti, son las chicas de mis clases; Aprendí a reírme de las payasadas de los chicos. Las chicas siguen llorando, y lo harán durante los próximos 10 años ".

Mientras tanto, pensaba para mis adentros, es posible que no me paguen tanto como ustedes, pero al menos no tengo que aguantar las falsas sonrisas, los apretones de manos a medias y las pestañas de las personas que realmente me pongo 'T como.

A la mañana siguiente, me encontré en una reunión del departamento de inglés. Además de los temas de debate y la falta de refrigerios, se parecía mucho a la reunión de Martini de la noche anterior: todos estaban más interesados ​​en su propia agenda que en la compañía. Dos maestros compartieron una mejor práctica, un representante sindical nos pidió que nos vistamos de rojo el viernes para mostrar nuestro apoyo a las negociaciones contractuales, y el coordinador del departamento nos recordó que debemos enfatizar la instrucción gramatical como preparación para la evaluación de la escritura. Miré alrededor de la habitación y vi las mismas cabezas y sonrisas falsas que había visto la noche anterior. Esta vez, sin embargo, en lugar de revisar sus teléfonos y enviar mensajes de texto debajo de la mesa, los profesores estaban clasificando los trabajos.

A las 8:30 a.m., sonó la campana. Reunión aplazada. Estaba de regreso en mi clase, enfrentando a 21 niños que ansiosamente tratarían de ganar tiempo en una actividad de "Quién es quién de la mitología", festejando entre sí como si hubieran ganado un campeonato cuando cortaron tres segundos de su mejor marca anterior. Un estudiante no podía esperar para decirme que vio una referencia al talón de Aquiles en "Fear Factor" anoche. Y luego, en una hora, llegaron 17 niños más, deseando 30 minutos de tiempo de lectura en silencio, realmente triste por no volver a la biblioteca. En otra hora, estamos debatiendo los pros y los contras de la decisión de Odiseo de renunciar a la inmortalidad y una hermosa diosa a cambio de su antigua vida y su esposa mayor.

Me gustaría poder volver a la mesa anoche y contarles a mis conocidos de la Cámara de Comercio acerca de Carlos, que aparece en la puerta de mi aula -más de una hora antes de que empiecen las clases- a informar un avistamiento de una palabra de vocabulario en el 10. Presumiría de Shauna, que leyó una novela de Louisa May Alcott en un día, y de Roberto, que quiere fundar un club de lectura de estudiantes. Si me dieran cinco minutos más, podría contarles acerca de Kimone, que pincha su poesía para aplaudir de la clase, y sobre Tiffany -con el anillo en la nariz y el piercing en la ceja- que obtuvo un puntaje perfecto de seis en su prueba de ensayo cronometrada. Todos ellos son estudiantes en mi clase de inglés de recuperación, todos clasificados como "el 25 por ciento más bajo", y todos se reúnen.

No niego la importancia del mercado de valores o las tendencias inmobiliarias actuales, pero al final del día, creo que es mi trabajo el que generará los mayores dividendos. Las inversiones de los maestros en el futuro de nuestros estudiantes tienen el potencial de superar incluso a la cartera más sólida. Lamentablemente, prevalecerán los estereotipos negativos de los docentes como profesionales hasta que convenzamos a los demás de que nuestro trabajo es mucho más que un salario bajo y los veranos apagados.

'Debemos contar nuestras historias'
Hoy recibí un anuncio de una revista por correo. Citó al novelista Arundhati Roy afirmando que el cambio es posible, y que para lograrlo, debemos contar nuestras historias. "Historias que son diferentes de las que nos están lavando el cerebro para creer".

Cada enero, soy uno de los millones que se fijan metas, ahorran más, comen menos, para mejorar. Este año, en lugar de intentar convertirme en un mejor maestro clasificando trabajos antes, me comprometo a mejorar la imagen de mi profesión presumiendo más. Centrándome en lo positivo, compartiré mis historias con familiares, amigos y extraños. Te reto a hacer lo mismo.

Las personas que encontramos en un bar o en las que nos sentamos al lado en un avión no pueden ver nuestras aulas para presenciar los destellos diarios de brillantez, inspiración y entusiasmo que alimentan nuestros incendios y nos dan la energía para enseñar. En cambio, escuchan las historias en las noticias y les creen. Necesitamos invitarlos a nuestro mundo y contar las historias sobre los estudiantes y los maestros a quienes trabajamos todos los días. Vamos a mostrarles que lo que sucede entre nuestras campanas de apertura y cierre es tan significativo como lo que sucede en Wall Street. Cuando se enteren de lo que realmente hacemos, en lugar de nuestras quejas de bajos salarios, pruebas injustas y niños que realmente son solo niños, tal vez entonces comencemos a ver algunos cambios. Cambios en las condiciones en las que trabajamos, cambios en el pago que recibimos y cambios en el futuro para nuestros estudiantes, que es realmente de lo que se trata.