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sábado, 9 de diciembre de 2017

Quienes usan una laptop en clase aprenden menos.

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Fuente de la imagen: Peter Arkle

Si entras a cualquier aula magna universitaria, es probable que encuentres un mar de estudiantes que teclean en computadoras portátiles abiertas y encendidas mientras el profesor habla. Sin embargo, eso no pasa cuando yo estoy dando clases.

Aunque hago algunas excepciones, en general prohíbo los dispositivos electrónicos, incluidas las computadoras portátiles, en mis clases y en mis seminarios de investigación.

Esto podría parecer extremo. Después de todo, con las computadoras portátiles los estudiantes pueden  absorber de algunas maneras más de las lecciones de lo que pueden hacerlo tan solo con papel y pluma. Pueden descargar lecturas académicas, buscar conceptos desconocidos al instante y crear un registro preciso y bien organizado del material de la clase. Todo eso es muy bueno.

Sin embargo, un cúmulo creciente de evidencia demuestra que los estudiantes universitarios, en general, aprenden menos cuando utilizan computadoras o tabletas durante las clases. También tienden a obtener peores calificaciones. La investigación es rotunda: las computadoras portátiles distraen del aprendizaje, tanto a los usuarios como a quienes los rodean. No es exagerado esperar que los dispositivos electrónicos también afecten el aprendizaje en los salones de clases de las preparatorias o que dañen la productividad en las juntas en todo tipo de lugares de trabajo.

Medir el efecto de las computadoras portátiles en el aprendizaje es difícil. Un problema es que no todos los estudiantes las utilizan de la misma manera. Puede ser que los estudiantes dedicados —quienes tienden a obtener altas calificaciones— las utilicen con más frecuencia en las clases. Puede ser que los estudiantes más distraídos recurran a sus computadoras portátiles cuando se aburren. En cualquier caso, una simple comparación de desempeño podría confundir el efecto con las características de los estudiantes que eligen usarlas. Los investigadores llaman a esto “el sesgo de la selección”.

Los investigadores pueden resolver el problema al asignar de manera aleatoria a algunos estudiantes para que usen computadoras portátiles. Con ese enfoque, los estudiantes que usan computadoras portátiles son comparables en todas las demás maneras con los que no las usan.
En una serie de experimentos en Princeton y la Universidad de California de Los Ángeles, se asignó el uso de computadoras portátiles o de papel y pluma a estudiantes de manera aleatoria para que tomaran notas en una clase. Quienes habían usado computadoras portátiles tuvieron un entendimiento sustancialmente peor, según las medidas de una prueba estandarizada, que quienes no las habían usado.

Los investigadores propusieron que, debido a que los estudiantes pueden teclear más rápido de lo que pueden escribir, las palabras del profesor pasaron a los dedos de los estudiantes sin pasar por sus cerebros para procesarlas como se debe. Los estudiantes que escribían a mano tenían que procesar y condensar el material hablado simplemente para permitir que sus plumas no se atrasaran en la clase. En efecto, las notas de los usuarios de computadoras portátiles eran más parecidas a transcripciones que a resúmenes de clase. Las versiones escritas a mano eran más sucintas, pero incluían los temas destacados que se discutieron en la clase.

Aun así, puede parecer demasiado riguroso prohibir los aparatos electrónicos en el salón de clases. La mayoría de los estudiantes universitarios son mayores de edad que pueden votar y tener propiedades. ¿Por qué no decidirían ellos mismos si van a utilizar una computadora portátil o no?

El argumento más fuerte en contra de permitir esa elección es que el uso de una computadora portátil por parte de un estudiante daña el aprendizaje de los estudiantes que lo rodean. En una serie de experimentos de laboratorio, los investigadores de la Universidad de York y la Universidad McMaster de Canadá pusieron a prueba el efecto de las computadoras portátiles en los estudiantes que no las estaban usando. A algunos estudiantes les pidieron que realizaran tareas pequeñas en sus laptops que no estaban relacionadas con la clase, como buscar los horarios de las películas en la cartelera. Como se esperaba, estos estudiantes retuvieron menos contenido de la clase. Pero lo que de verdad es interesante es que el aprendizaje de los estudiantes que estaban sentados cerca de los usuarios de computadoras portátiles también se vio afectado de manera negativa.

El término económico para este tipo de efecto secundario es “externalidad negativa”, que ocurre cuando el consumo de una persona daña el bienestar de otras. La externalidad negativa clásica es la contaminación: una fábrica que quema carbón o un auto que utiliza gasolina puede dañar el ambiente y el aire de los que están alrededor. Una computadora portátil a veces puede ser una forma de contaminación visual: quienes están cerca ven la pantalla y su atención se dirige hacia sus contenidos, que a menudo no solo son notas, sino Facebook, Twitter, correo electrónico y noticias.

Estos experimentos tienen sus límites. Puede que no capturen los efectos positivos de las computadoras portátiles en los salones de clases reales a lo largo de un semestre, cuando los estudiantes utilizan sus notas tecleadas para repasar y hay calificaciones en riesgo. No obstante, se hizo también eso en otro estudio.

En la Academia Militar de Estados Unidos, un equipo de profesores estudió el uso de computadoras portátiles en una clase de introducción a la economía. El curso se enseñó a través de secciones pequeñas, que los investigadores asignaron a una de tres condiciones: aparatos electrónicos permitidos, aparatos electrónicos prohibidos y tabletas permitidas, pero solo si estaban siempre sobre el escritorio, donde los profesores pudieran monitorear su utilización. Para cuando terminó el semestre, los estudiantes en los salones de clases con computadoras portátiles o tabletas habían tenido un desempeño sustancialmente peor que quienes estaban en las secciones donde los aparatos electrónicos estaban prohibidos.

Se podría cuestionar si la experiencia de los cadetes militares que aprendían economía es relevante para los estudiantes en otros contextos como, por ejemplo, los de una universidad comunitaria que estudian a Shakespeare. Sin embargo, esperaríamos que los efectos negativos de las computadoras portátiles fueran, si acaso, menores en West Point —donde todos los cursos se enseñan en secciones pequeñas— de lo que son en instituciones con muchas clases largas. Además, los cadetes tienen incentivos muy fuertes para desempeñarse bien y evitar las distracciones, puesto que su rango en la clase tiene un mayor impacto en su estatus de empleados después de graduarse.

La mejor manera de encontrar una respuesta a esta pregunta quizá sea estudiar el uso de las computadoras portátiles en más universidades. Pero, hasta entonces, encuentro la evidencia suficientemente concluyente como para tomar mi decisión: prohíbo los aparatos electrónicos en mis clases.

Sí hago una gran excepción: los estudiantes con discapacidades de aprendizaje pueden usar aparatos para participar en la clase, lo que revela que cualquier estudiante que utilice aparatos tiene una discapacidad de aprendizaje. Esto representa una pérdida de privacidad para esos estudiantes, lo cual también ocurre cuando se les da más tiempo para completar una prueba. Esos puntos negativos deben contrastarse respecto de las pérdidas de aprendizaje de otros estudiantes cuando se usan computadoras portátiles en clase.

Los estudiantes podrían objetar que una prohibición del uso de computadoras portátiles evita que almacenen notas en sus computadoras, pero los teléfonos inteligentes pueden tomar fotografías de páginas escritas y convertirlas a un formato electrónico. Hay algo incluso mejor: al concluir la clase, los estudiantes pueden leer sus propias notas escritas a mano y pasarlas a la laptop, si así lo desean, lo cual se trata de un proceso que mejora el aprendizaje.

La mejor evidencia disponible ahora indica que los estudiantes deben evitar las computadoras portátiles durante las clases y solo utilizar plumas. No es exagerado pensar que lo mismo es cierto en los salones de clase de bachillerato y secundaria, así como en las reuniones laborales.

Susan Dynarski es profesora de Educación, Políticas Públicas y Economía en la Universidad de Michigan.


Para mayor información: https://www.nytimes.com/es/2017/11/28/laptop-escuela-trabajo-junta-clase-educacion/



5 comentarios:

  1. Eso depende de como el docente divida su tiempo y como estan configurados los equipos, en el caso de que sean dispositivos personales, entonces si, definitivamente son distractores.

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  2. Wow profesor, este articulo me ha quitado un gran velo de los hojos. ¡¡¡Simplemente es un articulo sin desperdicios!!!

    Clever Arias.

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  3. Wow profesor, este articulo me ha quitado un gran velo de los hojos. ¡¡¡Simplemente es un articulo sin desperdicios!!!

    Clever Arias.

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